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“Una corriente de agua siempre se abre paso para seguir su camino; a veces su energía arrasa con lo que encuentra a su paso, a veces se roza con la muerte, pero su afluente desprende vida a borbotones. Jaramar se empapa de ese torrente, sintetiza la dicotomía entre la vida y la muerte para crear atmósferas sonoras dinámicas y llenas de fortaleza que se plasman en Diluvio, su nueva aventura musical”.
(Rebeca Pérez Vega, Público)
“Diluvio es un disco profundo y comprometido. Es un proyecto amoroso, y no los hay mucho…”
(Gerry Rosado para Karla Bañuelos, Público)
“Saber que existe una mujer a la que no le interesa la fama sino la creación, que no le apuesta a un look artificial sino necesario, y que no canta para triunfar sino para vivir, es algo que se agradece. Jaramar no es una adolescente con ganas de dominar el mundo; es una mujer, una cantante y una artista visual que ha logrado, con grandeza, fusionar sonoridades del pasado y del presente”.
(Revista Marie Claire)
“Mantener despierto un proyecto creativo no es cosa de todos los días, la aparición de Diluvio reitera que Jaramar pertenece a la estirpe de quienes saben cómo hacer esto sin perder su esencia”.
(Xavier Quitarte, Milenio)
“Dicen, los que han presenciado sus conciertos, que es otra cuando está arriba del escenario: que su voz es el emisario de sentimientos propios, y de los ajenos también. Ella es su música y la música es suya”.
(Eduardo Sánchez, El Tapatío, El Informador)
“En disco y, sobre todo en vivo, Jaramar resulta conmovedora por su autenticidad, porque responde a un impulso profundo, vital, absolutamente libre de criterios extramusicales. De ese modo, opta por un ejercicio del canto que parece cada vez más en desuso: prestarle la voz a un sentimiento, a una pasión.
(Arturo García Hernández, La Jornada)
"...una simbiosis sonora sublime. Postmoderna, pero de belleza incontenible."
(Revista Epoca)
"De Jaramar brota el pulso de ese universo donde se gesta lo nuevo, se quiebran estructuras y surgen otros modos de nombrar... Cada canción es una flecha hiriente, la poesía que no se toca ni se palpa, sino que penetra hondo y vibra"
(Silvia Eugenia Castillero, Siglo 21)
"La voz de Jaramar es hechizo que fluye quieto hacia las aguas turbulentas del espíritu."
(Xavier Velasco, UnomásUno)
ENTREVISTA
¿Cómo describe
Jaramar su propio proyecto?
Yo describiría mi proyecto como un proyecto de búsqueda,
de descubrimiento a través de la música de
una serie de cosas no necesariamente todas ligadas ésta.
Se trata de una búsqueda expresiva, una búsqueda
incluso plástica, una búsqueda poética,
incluso también una búsqueda interna y emocional.
A partir de allí, mi proyecto se va desarrollando
por subproyectos que generalmente se ven concretados en
cada disco.
¿Qué te
llevó en un inicio a crear un proyecto tan particular
como interpretar música antigua con arreglos contemporáneos?
Mi objetivo no es tanto el rescate o la difusión
de la música de otras culturas o de otras épocas
o la investigación; es por eso que yo me doy muchas
libertades con el material que tomo como punto de partida.
En realidad el proyecto responde a una necesidad expresiva
mía, muy personal. Al comenzar mi trabajo de solista
decidí que éste tendría que ser a partir
de la música antigua, con la que me identifico porque
a pesar de su origen tan distante la siento vigente y vital,
pero también tenía que ser un proyecto muy
mío, muy personal que reflejara todas mis inquietudes
de cantante de siglo XX, XXI.
¿Cómo ha
sido tu evolución a través de los distintos
discos y a qué responde ésta?
Mi proyecto de solista inició con las canciones que
en ese momento me eran más propias: las canciones
españolas antiguas. En un principio el hilo conductor
para mi primer disco fue el amor y el desamor, de ahí
viene el título Entre la pena y el gozo. Fingir que
duermo, mi segundo disco, continúa un poco con esta
idea pero con arreglos más complejos y buscando un
sonido más maduro. El tema de cada disco surge de
mis intereses particulares en ese momento y en muchos casos
la experiencia de un disco da pie al siguiente. El tercer
disco, Si yo nunca muriera, contiene textos del poeta prehispánico
Nezahualcoyotl musicalizados por Alfredo Sánchez.
Después vino Lenguas, un disco cantado en lenguas
antiguas en donde la música y la interpretación
expresan el contenido rompiendo la barrera que podría
existir con unas letras que difícilmente van a poder
ser comprendidas por quien las escucha. Después vino
A flor de tierra, que es un disco enteramente de música
mexicana donde el lenguaje musical, sonoro, expresivo da
como resultado un disco con interpretaciones muy personales
de canciones conocidas. De ahí siguió Nadie
creerá el incendio, que toma poemas de mujeres de
distintas épocas y por lo tanto está muy ligado
a lo que yo quería decir como mujer, buscando un
eco a mis sentimientos y a mis emociones en lo que otras
mujeres habían escrito, nuevamente fue un proyecto
de composición con música de Alfredo Sánchez.
Después de seis discos decidí hacer un alto
en el camino para mirar atrás, así surgió
Travesía, un disco recopilatorio que reúne
material de todos los anteriores para después hacer
un disco que marcara una nueva dirección musical
y sonora. Ese disco que marca un parte aguas tienen mucho
que ver con uno de mis intereses más antiguos: la
lírica popular infantil y la expresión artística
dirigida a la infancia. Duerme por la noche oscura juega
con la fantasía y con los sueños, cuenta historias
y pinta colores e imágenes con los sonidos y con
la poesía.
Así es como se van dando mis proyectos, siempre respondiendo
a la necesidad expresiva de un momento de mi vida, ligada
a mis inquietudes de exploración musical y a las
de mis colaboradores.
¿Por qué
interpretar música en lenguas antiguas?
Es importante decir que no canto únicamente en lenguas
antiguas, sino que abordo en general la música creada
hace unos quinientos o seiscientos años. Se trata
de una música que puede parecer remota, pero que
a mi me resulta natural. No es un género que haya
yo buscado para hacer algo interesante o distinto; es lo
que yo tenía que hacer. Tardé años
en decidirme a hacerlo de lleno pero fue el sitio donde
naturalmente yo me ubiqué.
¿Qué te
llevo a hacer un proyecto dedicado a la infancia como “Duerme
por la noche oscura”?
Duerme por la noche oscura es un disco en el cual se reúnen
varios lenguajes expresivos que me interesan, como la música,
la poesía y la pintura, además de poesía,
sueños, e historias. Para mí es un disco muy
completo cuyo proceso he disfrutado por lo liberador que
resultó, desde el momento de su gestación
hasta el hacer las ilustraciones que lo acompañan.
El proceso de producción se dio con la participación
activa de los músicos que forman mi grupo y el sonido
final refleja esto pues es vivo, lúdico y orgánico.
Es el primero de mis discos que me he permitido ilustrar
completamente y esto me dio mucha satisfacción pues
la ilustración infantil es algo a lo que me acerqué
y comencé a practicar desde hace mucho, mucho antes
de estar yo cerca de niños, principalmente porque
era algo que me enriquecía a mi. Duerme por la noche
oscura es un disco que dedico a la infancia y que quiero
que los niños de todas las edades escuchen y disfruten,
pues creo que los puede enriquecer mucho aunque no es un
disco infantil tradicionalmente hablando.
Cada álbum tiene un concepto bien definido, ¿a
qué responde esta trayectoria conceptual? ¿Es
algo intencional, o es una coincidencia?
Al abordar cada disco trato que sea un proyecto redondo;
busco que haya algo detrás que unifique todas las
canciones que lo conforman y es por eso que siempre hay
un tema, un concepto. Ésta idea general se refiere
no nada más al contenido de las canciones, sino a
todos los elementos sonoros, visuales y de producción
pues tiene que haber un hilo conductor que de coherencia
al proyecto. Me interesa también poderme identificar
con lo que estoy cantando; aunque yo no escriba los textos,
éstos tienen que responder a lo que yo quiero decir
en ese momento particular de mi vida. El concepto se da
de manera natural. Sí lo busco, pero llega en el
momento en el que tiene que llegar, como ha sucedido con
el proyecto que hemos llamado Un grito indiferente al mar
y que está basado en unas cartas del siglo XVII.
En éste caso se dieron una serie de coincidencias
muy particulares, ya que se trataba de un material que yo
había tenido guardado durante años en espera
de que le llegara su momento, cuando de forma providencial
surgió la propuesta de hacer un proyecto justamente
a partir de esos textos.
¿Qué relación
existe entre tu creación plástica y tu trabajo
musical?
Una relación muy estrecha. Todo es parte de lo mismo.
Para mí la música es como una pintura sonora;
a través de mi voz yo busco colores y texturas y
lo mismo sucede al momento hacer los arreglos pues los timbres
sonoros tienen colores y se puede buscar también
texturas en la música, crear imágenes a través
de una canción. El aspecto visual de mis discos y
de mis espectáculos también ha sido siempre
muy importante para mí.
¿Qué representa
para Jaramar un concierto?
Es en los conciertos que la música adquiere su dimensión
de creación viva. Aunque se trate de canciones con
arreglos definidos, lo que se da en ese momento es único,
además de que nuestra búsqueda y exploración
expresivas sucede en gran parte en el escenario. Las canciones
son el vehículo para hacer llegar nuestras emociones
a quienes las escuchan y al transmitirlas se reciben también
las del público. Es una experiencia muy enriquecedora,
pero al mismo tiempo es también un ejercicio artístico
que implica una responsabilidad con nosotros y con nuestro
público y el compromiso de hacer un trabajo cada
vez de más calidad.
¿Qué espera
Jaramar del futuro?
Yo espero seguir creciendo, explorando y aprendiendo. En
mi camino hay una serie de proyectos concretos que espero
tener la posibilidad de realizar, pero mi aspiración
principal es seguir en esta trayectoria de descubrimiento
y convertirme cada vez en una mejor cantante, poder incorporar
al proyecto a personas que lo enriquezcan y que se enriquezcan
con él y no dejar de estar abierta a todos los retos
nuevos que se me presenten.